Una interesante conversación me dio mucho que pensar. De como cuando ponemos límites y después nos sentimos culpables, energéticamente es como remover los límites y volver a cero. Y cómo poner límites también implica tener una presencia clara y marcar nuestro terreno. Porque todavía no habitamos en un mundo donde el respeto y el sentido común sean algo frecuente. Y no es rebajarnos a ser básicos o inmaduros, sino tener claridad de presencia y que los límites sean tan claros que no se puedan malentender. Es respetarme y hacerme respetar. Es entender que no todos entienden los mismos códigos y formas de comunicación. Que no todos son concientes de sus patrones heredados y que ignoran una mejor forma de ver la vida. Y por sobre todo darme permiso sin culpa de alejarme de quienes ya no vibran en la misma energía y conciencia, dejando espacio que llegue mi nueva tribu. El mundo está lleno de personas, no hace falta amargarse con quienes ya no sintonizamos.