No hay compasión si no te incluye a ti misma. No hay empatía, si no escuchas también tu propio sentir. No hay cuidado, si no te preocupas de tus propias necesidades también. No hay respeto, si no respetas tus propios límites. No hay calma, si sigues escuchando lo que te intoxica y cayendo en el juicio. No hay verdad si no eres honesta contigo misma. No hay sanación si no curas tus propias heridas. El dar y el recibir, el dar y el darme, siempre deben estar en equilibrio, de lo contrario, se genera una deuda, ya sea a los demás o hacia mi misma.