Algo que separa a los adultos de los niños es que los adultos nos hemos restringido a  ver solo aquello que está dentro del mapa de nuestra realidad e ignoramos el resto. En cambio los niños están abiertos a conocer y descubrir el mundo con toda su magia y todo lo nuevo que trae. Interesante es que ignorar refiere a no prestar atención a algo, pero así también a ignorancia. Y esta ignorancia del adulto viene de la creencia de que ya sabe todo lo importante, que conoce su entorno y que el futuro no es más que una repetición del pasado. Y es por eso que al viajar a un lugar desconocido, aprender nuevos idiomas o desarrollar una nueva habilidad volvemos por un momento a la mente abierta del niño que se permite absorber la realidad sin tanto filtro y estas acciones nos permiten ampliar nuestra realidad y encontrar nuevas respuestas. Pero es posible de manera consciente lograr esta apertura en las cosas más simples como al tomar una taza de té, mirar el cielo o caminar las calles de siempre. Permite que la vida te sorprenda, mírala desde los ojos de un niño y verás la magia a tu alrededor.