Las palabras que salen de ti son las semillas que plantas cada día en el jardín de tu mente. ¿Qué has plantado hoy? ¿Qué es lo que estás cultivando y dejando crecer? ¿Para qué hay espacio y para qué no? Procura que las palabras amorosas tengan más lugar que las de queja y descontento. Así tendrás un jardín lleno de flores y alimentos y no uno lleno de espinas y malezas.