Cuando estamos disconformes de nuestra situación presente o de alguna situación en general, la respuesta natural es la queja, ya sea mentalmente o expresándola a otros. La queja es el síntoma de que algo no está bien, de que algo debe cambiar, ya sea uno mismo o hace falta cambiar el entorno, que incluso puede llegar a cambiarse del país en que se vive.
Cuando la queja viene acompañada de una acción de cambio, con una propuesta de solución o con un plan de una vida mejor, puede ser una gran herramienta de mejora. Pero si la queja se manifiesta por la queja misma, se convierte en una herramienta para sembrar y reproducir la amargura, los sentimientos de indefensión e injusticia. Más aún, esta se vuelve adictiva, llevando a buscar motivos para quejarse, con los cuales no se tenga ningún vínculo personal.
Lo primero que hay que entender es la diferencia entra la queja, un relato y un reclamo.
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- Escrito por: Carmen Stange
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"Es importante observar las palabras y pensamientos que siembro en mi mente, porque eso es lo que cosecho. Me doy permiso para revisar estos diálogos, tanto internos como externos, para así descubrir en mí lo que no había podido ver antes. Reconozco mis emociones y sentires y luego los dejo ir."
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A veces nos rompemos un poquito para soltar lo que ya no somos.
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Cuando busques a tu Familia del Alma, pon atención con que estás resonando.
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