Al iniciar como terapeuta suele cometerse varios errores desde la falta de experiencia. Estos son algunos de ellos.
- Creer que por haber hecho un curso o haber leído un libro ya se es terapeuta. Es importante desarrollar experiencia y hacer mucho trabajo personal para ser un buen terapeuta. En la mayoría de los casos lo ideal es asistir a terapia por un buen tiempo para lograr el suficiente auto conocimiento.
- No atreverse a atender personas. La experiencia es imprescindible como terapeuta. Se puede empezar atendiendo de manera gratuita, a bajo costo o por trueque, empezando a cobrar más según se va adquiriendo la experiencia.
- Creer que sabe lo que el paciente necesita. El único que realmente sabe lo que necesita es el paciente mismo, aunque sea de manera inconsciente. Toda idea o creencia se debe verificar con el paciente, no solo para asegurarnos de que estamos en lo correcto, sino también para verificar si está en condiciones para enfrentar la situación.
- Imponer terapias o tareas. La clave más importante es respetar siempre el libre albedrío del paciente. No hay cabida para el “tienes que hacer tal o cual cosa”. No somos la autoridad o padres de nuestros pacientes. Tan solo se pueden ofrecer opciones. El vínculo con el paciente siempre debe ser horizontal y es el paciente el que está a cargo de su proceso, nosotros solo somos guías.
- Dar consejos no solicitados. El paciente viene por un tema específico, aunque este pueda ser vago. Podemos preguntar si está relacionado con algo que podamos observar durante la conversación, pero no podemos asumir nada. Cuando mucho podemos preguntar o pedir permiso para hablar sobre algo no relacionado, pero siempre respetando si la persona quiere hablar sobre el tema.
- Terapiar a los amigos. Es normal empezar a darse cuenta de algunas cosas en los amigos y que estos a su vez empiecen a pedir consejos. Hay que tener cuidado con confundir los roles y tomar responsabilidades que no nos corresponden. Se puede complicar y hasta perder el vínculo.
- Identificarnos con los pacientes o proyectar en ellos. Al atender a un paciente si nos identificamos con ellos o proyectamos en ellos algo que conocemos dejamos de verlos por quienes son y solo veremos un reflejo de la realidad que conocemos, dejando al paciente finalmente desamparado. Tan solo se puede aportar algo propio se es realmente de aporte al paciente.
- Volvernos muy emocionales. A veces los pacientes nos pueden contar cosas que son realmente difíciles o terribles. Los pacientes no están buscando alguien que llore con ellos, sino alguien que los entienda y les de contención. Es por ello crucial mantener nuestro centro y nuestro enfoque.
- Obligarnos a atender a alguien. Si alguien nos incomoda, nos genera rechazo o sentimos que no somos capaces de ayudar, entonces los ético y responsable es derivar a esa persona con alguien que esté más capacitado. Es importante reconocer nuestros propios límites.
- Repetir textualmente lo que nos enseñaron o que leímos. El trabajo interior no es por repetición o memorización, sino entendiéndolo, procesándolo y expresándolo desde la propia experiencia.
- Tratar de abarcar mucho en una sesión. Es mejor enfocarse en un solo tema y profundizar en él, que tratar de abarcar todo y no resolver nada.
- Dejar que el paciente guíe le sesión. Si bien un muchos casos los pacientes solo necesitan hablar y desahogarse, es importante guiar aunque sea un poco al paciente a la toma de conciencia con preguntas que le hagan auto observarse y llegar a una conclusión.
- Estar distraído. Es importante no tener elementos distractores durante la consulta, como por ejemplo prestar atención al celular. Esto hace que el paciente también se distraiga y daña el vínculo terapéutico.
- Sobre dramatizar. Es importante mantener los relatos en sus justas proporciones, o sea, no agrandarlos o forzar al paciente a verlos de una manera para la que no está preparado. Aún así, si le resta importancia a algo que es realmente grave, si se hace necesario hacerlo notar, pero sin exagerar. Hay tiempos y hay momentos para afrontar las cosas. Lo único en que la ética nos exige actuar es cuando hay riesgo de suicidio o daño hacia si mismo o hacia a otros, y no es para que nos involucremos personalmente, sino para involucrar a quienes corresponda, ya sea un psiquiatra, a los padres o familiares, a la policía, etc.
- Atender en malas condiciones. Es importante reconocer cuando no estamos en las condiciones físicas, emocionales o mentales para atender adecuadamente a un paciente, en cuyo caso es mejor postergar la cita y explicarle adecuadamente. Nadie espera que seamos perfectos.
- No buscar consejo. Cuando recién se empieza a veces surgen muchas dudas y hasta las personas con más experiencia pueden aparecerle dudas en ciertos casos. Es importante aceptar que uno se puede equivocar, aceptar las críticas y buscar consejos.Y lo más importante, seguir estudiando, el perfeccionamiento continuo es crucial.
- Tomar las críticas como ofensas personales. Nadie puede ser el terapeuta perfecto para todo el mundo, ni a todo el mundo le sirve cualquier terapeuta. Habrá personas a las que podremos ayudar mucho y a otras no. Si aprendemos de estas experiencias nos permitirá crecer.
- No valorar nuestro tiempo, nuestros estudios y nuestro trabajo. Si estamos constantemente regalando nuestro trabajo, los demás tampoco lo valorarán e incluso pondrán poco o nada de esfuerzo en avanzar en su terapia, ratificando la poca valoración que se tiene de uno mismo. Aunque sea empezar cobrando poco o haciendo trueque es válido en la medida que se gana experiencia.
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- Escrito por: Carmen Stange
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La escucha activa es la capacidad de ponernos en nuestro centro y escuchar al otro completamente, sus palabras, sus gestos, los tonos de voz, el lenguaje corporal, sus actitudes, sus emociones, todo, sin juicio o expectativa, abiertos a lo que venga de manera receptiva y con aceptación.
Esto mismo lo podemos lograr con nosotros mismos a través de la meditación. Al apagar el ruido mental permitimos que surja todo aquello que quedó enterrado bajo nuestras actividades y pensamientos diarios. Podemos permitir que surja sin miedo, sin juicio, sin culpa, acoger nuestras propias emociones, dejar que salgan y soltarlas. Detenernos un momento y permitirnos ver lo que hay dentro de nosotros mismos puede ser una de las mayores actividades de auto cuidado y sanación que puedes hacer.
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- Escrito por: Carmen Stange
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Esta época nos pide mirarnos a nosotros mismos, a meditar, a hacer introspección, revisar quién soy, quién quiero ser, que he hecho con mi vida y que he hecho por la humanidad. Que aunque nos podamos sentir solos, en realidad estamos todos unidos y lo que cada uno hace afecta a los demás. Ya no nos podemos evadir y se hace necesario trabajar en ser una mejor versión de nosotros mismos. No imitando a los demás, sino dando lo mejor que podemos dar en nuestra propia manera. No reaccionando desde el dolor, sino desde el amor y la compasión. No rechazando e ignorando lo que no nos gusta, sino incluyendo y reconociendo que también soy parte de ese todo. No adormeciendo el dolor, sino sanándolo con dulzura y suavidad.
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No es hasta que volvemos a hacer algo que nos damos cuenta cuánto nos ha afectado y todavía nos afecta. Pero esa conciencia, aunque duela, es necesaria para el proceso de sanación. No es vulnerabilidad, sino fortaleza el poder enfrentar nuestras heridas para sanarlas y salir adelante, permitiendo que el pasado deje de ser una limitación para nuestro presente y se convierta en un recuerdo de superación.
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El ego juega con nosotros sutilmente susurrando a nuestro oído. Apela a nuestro orgullo y nos dice: tu sabes más, tú eres mejor, sin ti no lo habrían logrado, tu has hecho todo esto sin la ayuda de nadie, eres irreemplazable. Y luego ataca con el miedo: pero hay otros más inteligentes y mejores, no te necesitan, hay muchos otros que han logrado tanto más que tú, no te quieren, vas a terminar viviendo bajo el puente. Y en ese vaivén nos mantiene en la zona de confort, paralizándonos para que no salgamos de ella. Es un astuto manipulador hasta que podemos ver sus trampas. Y es ahí donde podemos verlo de frente y decirle, no soy la mejor, pero tampoco soy la peor. Tengo mucho que aportar a algunos y a otros no, y está bien así. Soy única en mi forma de ser y eso me hace valiosa. No tengo que mirar hacia arriba ni hacia abajo a nadie, sino de frente, como 2 seres humanos que nos encontramos en nuestra individualidad y en ese encuentro nos reconocemos.
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- Escrito por: Carmen Stange
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