Al trabajar con la mente entramos a una colección de espacios interconectados de variados tamaños, que no sabemos donde empiezan y donde terminan. Las puertas están escondidas y las paredes son imperceptibles. A veces puedes quedarte encerrado en un espacio sin poder salir, otras entras a un espacio nuevo sin darte cuenta. A veces hay espacios ocultos donde encontramos tesoros, otras veces nos encontramos con fantasmas o monstruos.
Al entrar en la mente hay áreas conocidas, pero también muchas áreas por conocer. Son los más valientes que se atreven a entrar a lo más profundo de su laberinto, enfrentar a sus fantasmas y domar a sus monstruos y demonios.
Quién busca las respuestas y responsabilidades afuera tan solo se pierde más en su propio laberinto y se encuentra a sus monstruos sin estar preparado.
Pero no es nuestra labor mostrarle al otro su propio laberinto, sino entregarle las herramientas para poder entrar y salir de él intactos. Aunque podamos ver más allá de la entrada de su laberinto, no debemos mirar, porque sus monstruos esconden sus secretos y sólo cada persona tiene el derecho a decidir si compartirlos, a quien y cuando quiera compartirlos.
Cada laberinto es único y sagrado y entrar sin permiso es como profanar un templo. Es entonces lo correcto honrarlo, así como honrar a cada aventurero que se dispone a recorrerlo.
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- Escrito por: Carmen Stange
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El encontrar verdadera sororidad en esta vida me ha enseñado que no se trata de competir, sino de compartir. Que la compasión y el servicio no tienen relación con quien tiene la razón o es el mejor, sino respetar e incluir las diferencias que nos enriquecen. Que cuando dejamos de juzgar el camino del otro también honramos nuestro propio camino. Doy gracias por todas y cada una de las personas en mi camino que me ha enseñado que la bondad y la generosidad auténtica son valores que aún existen y me han enseñado a confiar y cultivar hermosos vínculos.
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- Escrito por: Carmen Stange
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Acepto y reconozco mi dolor, le doy el lugar que necesita, ni más, ni menos y me abro a escuchar las enseñanzas que trae. Tomo aquel espacio en que existo en el amor, ahí donde reconozco que soy la energía del amor y mi propia luz. Integro ambas partes, todas mis partes y me doy todo el amor que necesito para sanar. Suelto la necesidad de enfocarme en un solo aspecto y perder mi centro, sino que veo todo lo que soy, reconociendo mis fortalezas y debilidades, dándome el tiempo, el espacio y el amor que necesito para sanar. Soy luz y sombra, me doy todo lo que necesito. Me libero de esperar que otros me sanen y tomo mi sanación en mis manos. Aprendo a respetar mis espacios y mis necesidades y me libero de la culpa de no cumplir con las expectativas de los demás.
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Es más fácil quejarnos que hacernos cargo de lo que sentimos. Socialmente la queja es aceptada de manera natural, mientras la expresión de nuestros sentimientos y vivencias internas son evitados, rechazados, criticados y vistos como un signo de debilidad. Se ve la vulnerabilidad y fragilidad como algo negativo en vez de una condición inherentemente humana. Y así la queja pasa a ser una herramienta útil para mantener una sociedad de autómatas. Pero así también tomar conciencia de nuestras emociones y nuestra responsabilidad de lo que estamos viviendo nos lleva a crear una sociedad más consciente y humana.
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Uno de los mayores problemas de comunicación es cuando uno asume o cree saber lo que el otro está pensando, los clásicos "yo pensé que...", "yo creí que...", "es que tu siempre...", "es que una vez dijiste..." o muchas otras variantes. Cuando una simple pregunta podría haber aclarado todo, parecieran haber razones para no preguntar. No me atrevo, no quiero molestar, para que voy a preguntar de nuevo, yo se lo que le gusta, yo se lo que quiere, si le pregunto se enoja, es que espera que yo sepa, no me atrevo a preguntarle, no se como va a reaccionar, me da vergüenza, me da miedo, no se me ocurrió, las razones pueden ser muchas. El resultado es que cada cual en este caso saca conclusiones erradas, no se permite conocer al otro ni le da el espacio al otro de cambiar o tener gustos o necesidades diferentes según las circunstancias.
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- Escrito por: Carmen Stange
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