La culpa intrusa se esconde detrás de los pensamientos haciendo como si no estuviera ahí. Susurra a nuestros oídos: "Cómo te vas a sentir mal tú si hay tantos otros que lo pasan mucho peor. Quizás te merezcas pasarlo mal. Podrías haberlo hecho mejor. Podrías haber hecho algo para evitarlo. Eres responsable de tu vida y de lo que te pasa." Y no nos deja sentir nuestras emociones, no nos deja procesar nuestras vivencias, no nos deja superar nuestros errores y volver a vivir. La culpa nos manipula y quiere que nos hagamos cargo de todos los demás, menos de nosotros mismos. La culpa nos engaña y nos dice que no merecemos ser felices aunque reparemos mil veces nuestros errores. La culpa nos carga con los errores de los demás y nos hace creer que son nuestros. La culpa nos miente y nos dice que no merecemos perdón y que no tenemos derecho a perdonarnos nosotros mismos. La culpa nos quita la fuerza, nos quita la vida y nos quita el amor. La culpa nos dice que merecemos castigo y que no nos podemos defender.
Pero que equivocada está la culpa. Vinimos a ser felices, a equivocarnos y aprender de nuestros errores, a crecer, a hacernos fuertes y vivir la vida en todo su esplendor. La culpa sólo puede entrar ahí donde falta el amor y el perdón y está en nosotros soltarnos de sus cadenas. Tan solo somos responsables de nuestros actos, pero no de lo que hagan sientan o piensen los demás. Cada uno tiene la fortaleza de ponerla en su lugar y acallar su voz y esa fuerza es el amor y el perdón, la compasión y la gentileza.
Tenemos todo el derecho de enojarnos, entristezernos, llorar y gritar, hablar nuestra verdad y expresar las cosas como son. Que la culpa no nos detenga de vivir nuestra vida de frente respirando profundamente y llenando nuestros pulmones. Cada día es un nuevo comienzo y una nueva oportunidad de vivir libremente.
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- Escrito por: Carmen Stange
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Cuando logramos separar de la idea del amor los conceptos de responsabilidad, obligacion, necesidad, el tener que, el merecimiento, ahí es donde podemos aceptar e integrar al otro, donde podemos aceptarnos e integrarnos incondicionalmente. Cuando el amor no me lo tengo que ganar, no lo tengo que merecer o estar ahí por necesidad, sino que es algo espontáneo sin reglas o condiciones, solo porque sí, aprendemos a dar y recibir también sin condiciones y aprendemos a disfrutar sin cuestionar o juzgar, vivimos en gratitud y en abundancia, la sonrisa se vuelve espontánea y auténtica, nuestra mente se calma y volvemos al presente.
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- Escrito por: Carmen Stange
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Hay momentos difíciles en que necesitamos contención, pero no siempre tenemos quien nos contenga. Por eso es importante aprender a auto contenernos. Aunque parezca difícil, hay pequeños gestos físicos que gatillan la memoria física y generan alivio y contención.
- Abrazarse uno mismo: ayuda cuando hay sensación de soledad, desprotección, crisis de angustia o de pánico. Ayuda a contener y proteger el corazón y da la sensación de calidez y calor.
- Cariño en la cabeza: suaves caricias en el tope de la cabeza tal como si se estuviera acariciando a un niño pequeño. Esta suave expresión de cariño trae consuelo cuando hay tristeza, da contención emocional y trae calma.
- Frotar el brazo: frotar el brazo entre el codo y el hombro es como sentir el apoyo de un amigo o un par. Nos hace sentirnos comprendidos, que no somos los únicos pasando por lo mismo, que no estamos solos y que tenemos quien nos apoye.
- Frotar el pecho: frotar el pecho a la altura del esternón o timo en manera circular nos ayuda a conectarnos con nosotros mismos, a aliviar la angustia, el dolor del corazón y en el síndrome del corazón roto. Nos ayuda a reconectarnos con el amor y sanar el vínculo con nosotros mismos y con los demás.
- Frotar la mejilla: el gesto de una suave caricia en la mejilla, especialmente mirándose al espejo representa: te veo y te acepto tal cual eres. Este ejercicio nos ayuda a desarrollar la auto aceptación y nos permite estar cómodos con nosotros mismos y ser auténticos, sin que nos afecte la opinión de los demás.
Estos ejercicios son muy sencillos y basta con hacerlos 1 o 2 veces al día por unas semanas y los puede hacer cualquier persona.
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- Escrito por: Carmen Stange
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Muchos asocian el amarse a si mismo con el egoísmo y el egocentrismo, sin darse cuenta que estos en realidad son expresiones de la falta de amor. Quien se ama y se acepta a sí mismo está lleno de amor, la generosidad se le da naturalmente y actúa de manera compasiva. Quien se ama a sí mismo ama libremente sin exigencias o codependencia. Amarse a si mismo permite que uno madure y se haga cargo de su vida sin exigencias a los demás. Amarse a si mismo te abre a dar y recibir con gratitud. Amarte a ti mismo te ayuda a alejarte de lo que no te hace bien y encontrar tu lugar en la vida.
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- Escrito por: Carmen Stange
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La coherencia la encontramos cuando pensamiento, sentimiento, palabra y acción apuntan hacia el mismo propósito.
Cuando uno de ellos diverge se genera el stress, el miedo, la rabia, la infelicidad o se somatiza en el cuerpo. Y es solo volviendo a la coherencia, a nuestro centro, que recuperamos nuestra salud y bienestar.
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- Escrito por: Carmen Stange
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